¿Reforma política?
Fecha: 2017-06-11 15:23:29
Compartir Compartir

El debate sobre la reforma electoral se anuncia que será tempestuoso porque requerirá de la actual clase política grandes dosis de altruismo y desprendimiento, al punto que la lleve a posponer sus intereses particulares en aras de una causa nacional de la más alta importancia para la gobernabilidad. La cuestión que uno se puede plantear respecto a este asunto crucial es si el actual elenco de políticos dará la talla para emprender las urgentes reformas que garanticen un nuevo sistema político más representativo y funcional.


El síntoma de esta tensa situación es que apenas en los escarceos del debate, cuando la Comisión de Constitución recién ha empezado a definir la agenda de la discusión, ya se han producido colisiones y disidencias que han afectado la hasta ahora granítica unidad de Fuerza Popular, la mayoritaria fuerza de oposición en el Congreso de la República. La congresista de la mayoría Patricia Donayre, encargada de elaborar una propuesta de reforma electoral al frente de una comisión multipartidaria, perdió los papeles en una sesión de la Comisión de Constitución y enrostró a su presidente Miki Torres que actúa movido por intereses de una cúpula, en clara alusión a Keiko Fujimori, quien dejó entrever manipulaba entre bastidores la agenda de esta comisión.


El tema, según los especialistas, está desde un comienzo mal planteado, pues no se ha previsto que previo a la reforma electoral se requiere unas reformas constitucionales para reimplantar, por ejemplo, el bicameralismo y el distrito uninominal para mejorar los mecanismos de representación política. La comisión presidida por la congresista Donayre, en todo caso, tenía a su cargo plantear propuestas de reforma con alcances muy limitados.


De ahí que pareciera una sobrerreacción de la parlamentaria armar un escándalo y abandonara la sesión, formulando graves acusaciones que pocas horas después ha tratado de bajar el tono y minimizarlas. En realidad, la reforma política integral, que comprende medidas de fondo y de carácter electoral, será una prueba para los políticos.


La sensación generalizada en la ciudadanía es que se trata de un debate que se realiza en las cúpulas partidarias y que ella está excluida de este gran debate que concierne a un proyecto de carácter nacional. Hasta ahora la discusión se ha constreñido a la consulta a los políticos actuales, a recoger propuestas de organizaciones no gubernamentales y a expertos electorales, pero no se ha bajado al llano para realizar una escucha activa de las opiniones y percepciones de los ciudadanos.


La preocupación es que de nuevo perdamos la oportunidad de hacer una reingeniería del sistema político que permita recuperar la confianza ciudadana, sin la cual ningún gobierno podrá ejercer su mandato con la estabilidad y predictibilidad necesaria para conducir los destinos del país. Se requiere menos susceptibilidad personal y dejar de lado los cabildeos para cumplir el mandato de la realidad que exige no un maquillaje institucional sino una remoción de las estructuras y de los usos y costumbres para salir de la crónica crisis política que amenaza con paralizarnos y hacer retroceder a épocas pretéritas.