Publicado: 20/03/2017
Trujillo necesita ayuda de inmediato por desastres
Es momento de que el Gobierno Nacional se haga presente ya que huaicos, lluvias y desbordes han dejado en la región miles de damnificados.
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Trujillo y La Libertad viven su peor momento por terribles inundaciones.

Ayer, por sexta vez consecutiva, la quebrada de San Ildefonso nos volvió a tratar mal, causando devastación por todos lados, en varias calles, en varias urbanizaciones.


La alerta del nuevo desborde se dio a las 2 de la tarde. Previamente, la quebrada ya daba señales de que iba a desatar su furia. Las oscuras y enormes nubes que se observaban en su cabecera, en la parte alta del distrito El Porvenir, las mismas que empezaban a agruparse acompañadas de truenos, que se escuchaban estruendosamente, como rugidos, nos indicaba que algo malo se asomaba. Y así fue. La quebrada de San Ildefonso no tiene nada de santa.


Esta nueva crecida de agua fue tres y hasta cuatro veces más potente y salvaje que las anteriores. Siguió la misma ruta: ingresó a las canteras, llegó hasta el badén, pasó por el sector Armando Villanueva, siguiendo por las calles Hipólito Unuane, Tomás Moscoso y Atahualpa, hasta el cementerio de Mampuesto del distrito El Porvenir, desde donde se desprendió por la Prolongación Miraflores. Sin embargo, tanta fue la fuerza con la que llegaba que se abrió hacia otras calles, sobre todo por las intersecciones, donde sobrepasó las murallas de tierra y sacos de arena colocadas por los vecinos para impedir que el agua ingresara a sus aguas. También destrozó totalmente el canal vía de la quebrada en el sector Río Seco, el cual se construyó hace años, precisamente, para canalizar el agua y evitar que perjudicara a las viviendas. Varios inmuebles fueron arrasados y, con su fuerza, les desprendió artefactos, como refrigeradoras que había en su interior. Trajo consigo una mayor cantidad de basura y restos, no solo las del cementerio de Mampuesto, sino las que quedaron producto de las otras crecidas.


El ingreso del torrente al centro de Trujillo fue espantoso. Su potencia fue incontrolable. Olas de gran dimensión se formaron por la corriente, haciendo temblar a los postes de alumbrado público y semáforos, a los cuales parecía, por un momento, que se los quería desprender. A lo largo del jirón San Martín, por donde ingresó la riada, se tuvieron que formar cadenas humanas, con cuerdas, para que las personas puedan pasar de un lado a otro. En su desesperación por llegar a sus casas, algunos se atrevieron a cruzar solo las calles, en un claro desafío a la muerte.


Vehículos, sobre todo de servicio público, con pasajeros a bordo, sortearon también las olas y cruzaron calles y avenidas. Sin lugar a duda, irresponsables choferes que ponían en riesgo su integridad.


En el centro de Trujillo, así como en las principales urbanizaciones de la ciudad, se han acumulado montículos de arena y basura que deben ser retiradas de manera inmediata, pues de lo contrario sería devastador, en caso la llegada de un nuevo desborde de la quebrada de San Ildefenso. Se espera limpieza.